Fernando Suárez (CCII): “La ingeniería informática no quiere ser más que ninguna, pero tampoco menos”
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El presidente del Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería Informática pide que se equipare esta profesión al resto de ingenierías ya que, pese al consenso político, esta desigualdad persiste desde hace 40 años.
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En los últimos meses, los médicos se han echado a las calles para reivindicar un trato justo y adaptado a las particularidades de su labor, por ahora en vano. Pero no es la única profesión que se encuentra en un limbo regulatorio en torno a su figura: los ingenieros informáticos siguen sin estar reconocidos de modo alguno en el ordenamiento jurídico español.
Se da así la paradoja de que España se esté convirtiendo en una economía digitalizada sin arbitrar y proteger a quienes la hacen posible. En estos momentos, los ingenieros informáticos siguen sin estar reconocidos al mismo nivel que otras ingenierías (llamémoslas clásicas, más ligadas al mundo físico que al digital). Ese es el eje sobre el que pivota la reivindicación histórica del Consejo General de Colegios Profesionales de Ingeniería Informática, la corporación de derecho público que representa a la profesión en todo el territorio nacional desde su creación por ley en 2009 y su constitución operativa en 2010.
Su presidente, el gallego Fernando Suárez Lorenzo, no habla de prestigio ni de corporativismo al pedir esta equiparación. Él apela al reconocimiento jurídico de unos profesionales desamparados y de garantizar la responsabilidad técnica en una sociedad que delega cada vez más decisiones en sistemas informáticos.
“El reconocimiento jurídico es nuestro principal caballo de batalla. Una ingeniería como la nuestra, la de la informática, es la que más está cambiando el modelo socioeconómico de nuestro país, la que más facilita la competitividad y la innovación y cómo se produce esa transformación digital a todos los niveles. Entendemos que no puede ser que no tenga ese nivel de reconocimiento. No queremos ser más que ninguna otra ingeniería, pero tampoco queremos ser menos”, defiende en entrevista con DISRUPTORES – EL ESPAÑOL.
Es importante resaltar que, al igual que en el caso del colectivo médico, los ingenieros informáticos no apelan de base a criterios económicos como el principal factor para la equiparación profesional. Suárez vincula este paso directamente con la seguridad de los ciudadanos en un entorno donde el software ya decide diagnósticos médicos, operaciones industriales o infraestructuras críticas.
“Se trata de transmitir seguridad a los ciudadanos porque asumimos responsabilidad sobre proyectos informáticos de gran impacto en el ámbito sanitario, en la construcción o en la ingeniería en general donde se utilizan aplicaciones informáticas. Sin esa confianza es difícil construir una sociedad justa y que avance al ritmo de los tiempos”.
Por eso insiste el presidente del CCII en que la regulación específica de estos trabajadores no pretende desplazar a otras profesiones sino establecer garantías equivalentes: “No se trata de quitarle el trabajo a ninguna otra ingeniería, sino de regular algo que contribuye a esa seguridad y de mejorar los servicios tecnológicos actuales”.
El Consejo lleva años trasladando esta anomalía en todos los foros públicos y ante todos los grupos parlamentarios. Los más recientes con los que se ha reunido han sido el PSOE y Sumar. Y se han dado numerosos pasos en el pasado, pero todos se quedan en el simbolismo de refrendar su petición: nadie ha dado por ahora el salto adelante de impulsar su equiparación de forma real tras 40 años de existencia de estos profesionales.
“Hemos tenido una proposición no de ley tanto en el Congreso como en el Senado como en otros parlamentos autonómicos, siempre con mayoría, impulsadas por distintos grupos políticos que están en el gobierno en cada momento. Creemos que hay un consenso político y social de poner en valor una profesión fundamental en nuestro país”, detalla Fernando Suárez. «Podemos ser moderadamente optimistas porque la percepción de los grupos políticos es positiva. Ojalá sea en esta legislatura, aunque es complicada por la situación política, porque supondría enmendar una injusticia tradicional con nuestra profesión”.
De profesión de frikis a profesión social
Junto a la batalla legal existe otra cultural que también lidera Fernando Suárez: cambiar la percepción en el imaginario colectivo de la informática y quienes desempeñan estas funciones. El Consejo intenta alejarla de la imagen aislada (quién no recuerda la famosa serie británica The IT Crowd) y acercarla a su impacto real en la vida cotidiana.
Suárez defiende que debe «dejar de verse como algo de frikis y entenderse como una profesión social y atractiva, una herramienta para mejorar ámbitos como la sanidad o la vida familiar». Incluso va más allá: “La informática no es solo un fin, es un medio para mejorar la competitividad, la eficacia y la eficiencia en muchos campos”.
Esa transformación cultural está ligada intrínsecamente a la democratización tecnológica y a los numerosos riesgos que comenzamos a percibir en algunos de sus devenires: “Internet es la herramienta más democratizadora de la historia y tenemos una responsabilidad importante los entornos de ingeniería informática para construir un mundo más justo”.
Además, la percepción general de la profesión puede influir, y mucho, en la captación y atracción de talento. Máxime en un momento en que la deslocalización del trabajo tecnológico abre además una oportunidad territorial. No en vano, la informática permite trabajar desde cualquier lugar y puede contribuir a fijar población y atraer profesionales.
“La tecnología cada vez está más deslocalizada y podemos trabajar desde cualquier localidad española para cualquier país del mundo. Es una oportunidad para atraer talento y calidad de vida”, defiende Suárez.
Hacer visible lo invisible
Dentro de esa estrategia de legitimación pública, el Consejo organiza anualmente los Premios Nacionales de Ingeniería Informática, con los que busca visibilizar el impacto real del sector en la economía y la sociedad y reforzar la percepción social de la profesión. Galardones que, el pasado curso, reconocieron a DISRUPTORES en la categoría de divulgación digital y a los que acudió el ministro Óscar López, quien escuchó de primera mano las peticiones de estos profesionales.
Unos premios que también sirven para canalizar los intereses y tendencias en cómo la innovación tecnológica avanza más rápido que la sociedad y que la regulación es necesaria para evitar errores pasados, pero debe empezar por la propia conciencia de los ingenieros. Y desde ellos, y su ejemplo, al resto del tejido productivo y social de nuestro país.







